De la máquina de coser a la microfusión

  • 25 de Octubre de 2010



ALFA CUMPLE 90 AÑOS


De la máquina de coser a la microfusión

Alfa inició su actividad en 1920 fabricando revólveres que vendía en EE UU y Europa. En la actualidad, el grupo está integrado por 14 empresas repartidas en áreas industrial, bienes de consumo, I+D+i y arte

Resistir y sobrevivir adaptándose a los nuevos tiempos en cada momento. La frase podría constituir el lema de Alfa, el grupo empresarial con sede en Eibar que cumple 90 años y durante varias décadas del pasado siglo fue referente mundial de las máquinas de coser y uno de los motores económicos que, junto a Lambretta y Orbea, entre otras grandes empresas de la época, impulsaron el gran desarrollo no sólo de Eibar, sino también de toda la comarca del Deba, pues llegó a tener en plantilla 1.600 trabajadores. Hoy, tras años de dura travesía y varias crisis económicas a sus espaldas, Alfa constituye un pujante grupo integrado por catorce empresas que ha diversificado su producción hasta extremos impensables hace sólo unos años, abarcando desde la microfusión de acero y aluminio hasta la estampación en frío y los mecanizados, con una amplia gama de productos para sectores como automoción o aeronáutica, entre otros, y plantas en Rumanía y próximamente en China.

Creada en octubre de 1920 como primera cooperativa empresarial del Estado por siete eibarreses «emprendedores de los de antes», se dedicó en principio a la fabricación de revólveres, que exportaba a Estados Unidos y a varios países de Europa, mercados en los que competía con los sucesores del inventor del Colt. A los revólveres se unieron las escopetas. No olvidemos que Eibar llegó a ser también conocida como la 'villa armera' por la fama y el elevado nivel de las empresas allí ubicadas que se dedicaban a la fabricación de pistolas y escopetas para caza especialmente.
La idea de fabricar máquinas de coser surgió en 1930, tras la visita del general Primo de Rivera a Eibar y su 'sugerencia' sobre la necesidad de incorporar a la mujer al mercado laboral, como ya sucedía en otros países. La fabricación de máquinas de coser pareció la fórmula más idónea. Y fue tal el éxito, que acaparó toda la actividad productora de Alfa y fue su gran negocio hasta el inicio de la década de los años 90.

Las gran revolución
La crisis de los 90 y la caída de los aranceles tras la entrada de España en la Comunidad Económica Europoea (hoy Unión Europea) trajeron la gran revolución a Alfa, diseñada por Enrique Treviño, que accedió a la dirección de la empresa, y su equipo. La irrupción de la ropa confeccionada por grandes cadenas restó mercado a las máquinas de coser para el hogar. Éstas se dejaron de fabricar en Eibar y su producción se trasladó a Japón, Taiwan y Tailandia, con precios más competitivos y nuevos diseños, cada vez más sofisticados con la incorporación de miniordenadores, tanto para hogar como para sastrería comercial que seguían elaborándose en la sede eibarresa.
El golpe de timón permitió también a Alfa entrar en otros sectores totalmente novedosos para ella como la estampación en frío, los mecanizados y la microfusión de acero y aluminio. «Alfa se reinventó», explica su actual director general, Ion Ander Buenetxea. Y se inició la fase de fusiones y crecimiento incorporando a algunas empresas del entorno con objeto de ampliar la oferta productiva a la industria, al hogar y al arte.
Alfa vendió sus antiguas instalaciones y los terrenos sobre los que se asentaban, que ahora acogen la nueva sede de El Corte Inglés y grupos de viviendas. Con los recursos obtenidos, Alfa construyó su actual sede a pocos centenares de metros de distancia, compró los equipamientos necesarios para sus nuevas actividades y el resto lo destinó a investigación.
En 2007, tras la entrada de una nueva generación de directivos jóvenes, puso en marcha un nuevo plan estratégico basado en tres líneas básicas de actuación: mejora de la competitividad interna, internacionalización y alianzas con otras empresas del entorno. Según Buenetxea, para mejorar la competitividad interna se fusionaron áreas de negocio y se potenció la investigación y la automatización, buscando una mayor flexibiliadd y polivalencia para mejorar el servicio y la atención al cliente.

Cerca del conde Drácula
«La internacionalización es fundamental -destaca el director general-. Necesitamos multilocalizaciones. Si no estás cerca de tus clientes y de los mercados, las oportunidades se van. Hay que estar y hay que hacerlo rápido». Por eso, en 2007 se decidió construir la primera planta de Alfa en el exterior, en Brasov (Rumanía), a 20 minutos por carretera de Transilvania, los dominios del conde Drácula. Con una inversión de cinco millones de euros y una plantilla de 30 personas, Alfa Romania entró en funcionamiento en primavera de 2009 como plataforma de producción de estampación y mecanizados para Europa del Este, sobre todo para automoción y aeronáutica.
El siguiente objetivo es China. Allí Alfa construirá una nueva planta en Wujiang, a unos sesenta kilómetros de Shanghai, para mecanizado de alta precisión y estampación de piezas para la producción de componentes de automoción, con una inversión inicial de tres millones de euros. El acuerdo para la construcción de esta planta, que tendrá una superficie de 2.000 metros cuadrados, fue firmado durante la visita del lehendakari Patxi López a Shanghai en septiembre al frente de una delegación de empresarios vascos.
«No se trata de deslocalizaciones -advierte Buenetxea-. Con la actividad de las plantas de fuera se refuerza también la casa matriz. Además, en Rumania hemos conseguido contratos para fabricar productos en Eibar».
En cuanto a las alianzas de Alfa con otras empresas del entorno, suelen ser productivas, comerciales e, incluso societarias. «El objetivo es ganar tamaño para ofrecer soluciones integrales a nuestros clientes. Hay tecnologías que no dominamos y lo que hacemos es sumar».
Todo nos lleva hasta lo que el Grupo Alfa es en la actualidad: catorce empresas -detalladas en la ficha adjunta- repartidas en cuatro áreas de actividad: industrial, bienes de consumo para el hogar, I+D+i y arte. Si bien la más conocida mediáticamente es la última por los artistas que pasan por ella para realizar sus esculturas, la industrial es la que más aporta al Grupo. Sus unidades de estampación, mecanizado y microfusión de aluminio y acero representan el 80% de su facturación total -30% las dos primeras y 20% la tercera-, mientras que los productos de hogar suponen el 15% y la unidad de arte el 5%.
En el área industrial la producción abarca una muy variada gama de componentes especiales para automoción, aeronáutica, defensa, ferrocarril, electrónica y electrodomésticos, con clientes como Talgo, Bombardier y Airbus, entre otros. Por lo que respecta a Alfa Hogar, posee tres líneas de actividad: costura, con su producto más conocido, la máquina de coser, y accesorios para la costura doméstica; conservación al vacío, habiendo conquistado nuevos mercados europeos y conseguido presencia en EE UU con su envasadora Pencil; y los PAE -aspiradores, exprimidores, etc-.

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